Investigadora extranjera hace un diagnóstico positivo de la educación superior colombiana

 

Se trata de Liz Reisberg, consultora independiente en la educación superior y aliada del programa de postgrado en administración de educación superior en el Boston College, quien hace una evaluación del sistema de educación superior colombiano y considera que éste ha presentado importantes avances con respecto a la región.

 

Su diagnóstico se recoge en el artículo "Lo que Colombia hace bien - y lo que no", en la Revista de Educación Superior en América Latina, editada por la Universidad del Norte.

 

El siguiente es el texto del artículo:

 

Con poco reconocimiento internacional, Colombia se ha involucrado con las tendencias internacionales en educación superior más que cualquier otro país enAmérica Latina. De hecho, parece ser el único país de la región que, desde hace varias décadas, ha desarrollado y sostenido una política nacional coherente para eldesarrollo de la educación superior con la que pretende abarcar retos y oportunidades relacionados con calidad, acceso, financiamiento, medición de desempeño, internacionalización, etc. Por supuesto que el resto de la región también está lidiando con estos temas, pero la política nacional en otros lugares está empantanada muy a menudo por agendas políticas que compiten entre sí yque conducen a cambios dramáticos de la misma, incluyendo las prioridades políticas fluctuantes. Muchas de las iniciativas de Colombia están lejos de ser perfectas, pero siguen evolucionando.
 
Calidad
 
Colombia fue uno de los primeros países en América Latina en desarrollar un sistema nacional para evaluar la calidad de la educación superior y en exigir a las instituciones de educación superior desarrollar mecanismos de autocontrol más transparentes. Desde principios de la década de 1990, el sistema nacional de aseguramiento de la calidad ha evolucionado con base en lecciones aprendidas de la experiencia. Como en todas partes, Colombia ha tenido que decidir entre establecer estándares mínimos o niveles de excelencia. El gobierno decidió hacer ambas cosas y desarrolló un esquema con condiciones mínimas para programas, mediante el Registro Calificado (obligatorio) y un mayor nivel de calidad a través de la acreditación. Si bien la acreditación es opcional, el gobierno colombiano condiciona, según su obtención o no, el acceso a algunos fondos y programas nacionales.
 
Paridad público-privada
 
En la mayor parte de América Latina, la investigación y las publicaciones en inglés suelen ser producto de las grandes universidades públicas. Ciertamente hay excepciones en toda la región, pero muy pocas privadas dedican suficientes recursos a estas actividades. Las mejores universidades privadas de Colombia son proclives a participar en la investigación y la colaboración internacional, como lo son sus principales contrapartes públicas.
 
Como resultado, los mejores académicos acostumbran agruparse en unas pocas universidades públicas de élite. Para 2015, de las 10 mejores universidades colombianas en el ranking de SCImago, figuraban 5 instituciones públicas y 5 privadas. Más interesante aún es que estas universidades se encuentran distribuidas geográficamente y no aglomeradas en la ciudad capital, como sucede a menudo en Latinoamérica. 
 
La paridad público-privada es también evidente en la actividad de dos instituciones de financiamiento de estudios de posgrado en el extranjero: Colciencias, con fondos públicos, y Colfuturo con fondos públicos y privados. Sin embargo, debe señalarse que el número de becas otorgadas por ambos sectores es insuficiente para la necesidad.
 
Evaluación
 
Colombia ha administrado un programa nacional de exámenes durante décadas. Inicialmente, un examen de salida del nivel secundario fue el principal criterio para la admisión a la educación postsecundaria y contribuyó a una base de datos nacional; el programa ha evolucionado hasta proporcionar datos para propósitos mayores y hoy incluye una evaluación de salida del nivel secundario llamada “pruebas SABER” y otra de salida del nivel universitario llamada “pruebas SABER PRO”. La información recogida establece los criterios para evaluar el impacto de la educación universitaria. En una región donde los datos confiables son escasos, Colombia los tiene en abundancia.
 
Acceso
 
Datos de la OCDE y del Banco Mundial indican que, aproximadamente, el 51% de la población con edad para estudiar educación superior se encuentra matriculada. Un impresionante 20% de los adultos tiene título universitario, lo que ubica a Colombia a la cabeza de otros países de la región. Sin embargo, la mayoría de las universidades colombianas cobra matrícula y esto representa una barrera de acceso para personas de los estratos socio-económicos más bajos. En 2014, el gobierno lanzó el programa “Ser Pilo Paga” (SPP), un sistema de becas que facilita la inscripción de los estudiantes de medios económicos limitados para matricularse en una universidad acreditada. El programa ofrece un préstamo condonable para cubrir matrícula y otros gastos, además de estímulos económicos para la permanencia. Muchas instituciones privadas financian sus propios planes de becas complementarias para ampliar aún más la diversidad económica al interior de su establecimiento.
 
Internacionalización
 
Según la OCDE, solo el 2% de los estudiantes de nivel superior realiza estancias académicas en el extranjero. A partir de 2015, se incluyó dentro de los criterios para la acreditación institucional, otorgada por el CNA, el de “internacionalización”, creando un incentivo para que las instituciones desarrollen sus estrategias internacionales.
 
Desde hace varios años, Colombia se ha encaminado hacia el desarrollo de un sistema sofisticado, internacionalizado, diversificado y equitativo. El país cuenta con políticas y programas nacionales para asegurar estándares mínimos de calidad y fomentar la excelencia; para medir los resultados de aprendizaje, para facilitar a los estudiantes de escasos recursos económicos el acceso a la educación superior y promover la internacionalización. Esto es alentador, pero hay muchas deficiencias en la política y la práctica.
 
El aseguramiento de la calidad en Colombia, como en otras partes de la región, tiende a mejorar incrementalmente el modelo de educación superior. Sin embargo, dicho modelo todavía es rígido, tanto en la universidad como en las otras instituciones de educación superior, que tienden a llenar, con excesivo contenido, los programas académicos de pregrado y prestan poca atención a las habilidades que el mercado laboral está solicitando: creatividad, pensamiento crítico, capacidad para resolver problemas complejos y para trabajar en equipo; comunicación oral y escrita, etc. El sistema actual de registro de programas y acreditación hace poco para fomentar la innovación. Además, aunque existan universidades de excelencia, también las hay de muy pobre calidad; la acreditación ha sido otorgada a un porcentaje relativamente pequeño de instituciones.
 
La evaluación tiende a ser un fin es sí mismo. Mientras que las evaluaciones nacionales estandarizadas proporcionan datos valiosos, a menudo tienen demasiada influencia sobre el plan de estudios y los resultados pueden ser utilizados con fines políticos. Hacer que la elegibilidad para la beca de SPP dependa de los resultados de la prueba SABER, ofrece oportunidades para algunos, pero deja por fuera a otros que pueden ser igualmente talentosos y con la misma necesidad de ayuda financiera, pero menos exitosos en las pruebas estandarizadas. Por último, SPP sólo ha hecho una pequeña abolladura en el desafío de aumentar el acceso, ya que el programa llega a menos del 2% del grupo de edad en la población objetivo.
 
La adición de “internacionalización” como elemento de la acreditación se ha inclinado hacia las nociones tradicionales de esta dimensión de la educación superior, haciendo énfasis en la movilidad de estudiantes y de personal académico, investigación y publicación en revistas internacionales. Hay una necesidad urgente de proporcionar apoyo para ayudar a todas las instituciones a desarrollar estrategias internacionales más relevantes para su misión y para las poblaciones a las que atienden, pero hay muy poca información valiosa circulando acerca de lo que se podría hacer.
 
Mejorar la educación superior ha sido una estrategia en constante evolución en Colombia. Hay mucho por hacer, pero ya se hace mucho. Basta decir que este es un país que los investigadores y profesionales en la educación superior deben tener en la mira. 
 
 Fuente: el Observatorio de la Universidad Colombiana