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Los Estatutos y la Reforma
 
Conozca el organigrama propuesto resultado del trabajo conjunto adelantado, susceptible de ajustes, cambios y mejoramientos, pero que constituye un indudable avance tanto en la comprensión del problema como en los de su decantamiento. 
 
La administración actual y el Consejo Superior Universitario, conforme lo ofrecieron al principio del año, se han empeñado en trabajar sistemáticamente en la elaboración de unos nuevos estatutos para la Universidad, tomando como base productos que fueron entregados por sectores de la comunidad universitaria, particularmente el que surgió de La Constituyente.
 
Han sido 21 las reuniones de la Comisión del Consejo Superior establecida para el efecto y 5 las del plenario del mismo organismo, consagradas a estudiar, discutir y aprobar contenidos del articulado en la Reforma.
 
Cada una de estas sesiones ha cumplido a cabalidad con los requisitos de ley en materia de quorum; y sus decisiones han sido consignadas en las respectivas actas.
 
Si se multiplican por cuatro horas, la duración aproximada de cada sesión de trabajo, las 26 reuniones se traducirían en casi 104 horas de labor intensa, las mismas que en los últimos 5 meses fueron dedicadas por las instancias superiores de la Universidad a esta necesaria reingeniería institucional, esperada de un modo sensato por los distintos estamentos del alma mater.
 
Con toda seguridad, no ha habido otro periodo en la historia de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, en el que dos de las principales instancias de dirección (Rectoría y CSU) se hayan sumergido con tanta formalidad y atención puesta en las lógicas del conocimiento y el saber; en el examen y la estructuración de la arquitectura institucional, correspondiente a su propio proyecto existencial; al menos no se encuentran registros escritos de un esfuerzo parecido.
 
Principios, objetivos y valores
 
En la primera etapa de trabajo, éste se orientó a analizar y discutir lo concerniente a los principios y fundamentos de la Universidad; a su filosofía como espacio cultural, académico e institucional. Se hicieron los ajustes del caso, se consiguió mayor limpieza expositiva; y se lograron una mayor coherencia y claridad conceptual, en la formulación de los valores que hacen parte del ethos universitario. Además, se llenaron vacíos para ofrecer un cuerpo más acabado de principios y objetivos en la institución universitaria; en particular, se discutió y reformuló lo que tuviese que ver con el reforzamiento del estatuto del sujeto autónomo, como centro de ese ethos ya mencionado. En conjunto de esos valores y objetivos quedaron de hecho nucleados en torno a la formación, al papel y al lugar de ese sujeto en la misión y orientación de la Universidad; de modo que la libertad (que entraña la resistencia), como derecho central en ese estatuto del sujeto, pasó a ocupar un lugar de pivote en la estructura de los principios, cuando antes estaba ausente; al tiempo que ha pasado a ser reconocido en el lugar óntico que ocupa como factor instituyente en el ser individual y en el ser universitario.
 
Por otra parte, fue incorporado un principio de la vida moderna, social y económica; el de la igualdad de oportunidades, opuesto al privilegio; a cualquier ventaja heredada, de la cuna o de la riqueza; y consignado allí en los estatutos con tal fuerza que pueda integrar y subordinar al criterio de los méritos (la meritocracia), moderno pero tocado de cierto tecnocratismo funcionalista.
Así mismo, fue integrado un nuevo criterio de política institucional, elevado a la categoría de principio, para proporcionarle un status mayor, el del mundo cibernético e informacional, como parte de ese ethosuniversitario; un mundo que permita ampliar los horizontes pedagógicos y democráticos, mediante la interacción virtual, llevada a planos más elevados; lo cual equivale a cruzar más decididamente el umbral de la sociedad del conocimiento; naturalmente con mayores fuentes, puntos de refenrencia y posibilidades, en medio de la revolución digital y la inteligencia artificial; aunque desde luego, sin una reverencia extrema frente al medio tecnológico y sin el mecanicismo instrumental que de ella pueda derivarse por un distorsión en la comunicación tecnológica.
 
Gobernanza Democrática
 
En la segunda etapa se abordó el tema de la participación y por supuesto el de la gobernanza; que es algo así como la reconfiguración del universo de lo público, de la autoridad y del gobierno, dentro de la institución universitaria. El criterio que se escogió fue el de articular adecuadamente participación y gobernanza, en la perspectiva de una democracia para un espacio del conocimiento, que por demás es autónomo institucionalmente hablando.
 
Un exceso de participación democrática en las decisiones puede debilitar la gobernabilidad de una universidad, cuyas exigencias son las de disponer de eficaces acciones en el cumplimiento de sus fines misionales, como son los de la formación, la investigación y la extensión, para utilizar el lenguaje clásico. Por el contrario, un exceso de gobierno en busca de la eficacia, puede ahogar la participación democrática, en un mundo como el universitario, que está basado en la existencia de una comunidad humana, especialmente conformada por estudiantes y docentes, deseosos de expresar sus opiniones, de encontrar expresión para su representación y de tomar parte en las decisiones que conciernen al colectivo.
 
En esa dirección, en la de articular autonomía, democracia y gobierno; esto es, en la de afianzar la gobernanza democrática se introdujeron instituciones como la Asamblea Universitaria, con una amplia representación, que atienda temas de largo alcance como las propuestas en materia de Estatutos Generales y Plan de Desarrollo; al tiempo que se reafirmaban al Consejo Superior, al rector y al Consejo Académico, como órganos superiores y dirección y autoridad; revalidados en sus responsabilidades y con la representación que abrigan, dentro de los marcos de la Ley General de la Educación.
 
A este propósito, vale la pena destacar que se han superado errores flagrantes de técnica constitucional, como el de invocar en tanto fundamento de la participación democrática, un artículo de la Constitución Nacional que tenía que ver con las universidades privadas y no con las públicas.
 
En igual sentido, se ha tratado de precisar la diferencia conceptual entre las democracias participativa y representativa; no contradictorias ellas; y en cambio complementarias, pero a menudo confundidas.
 
Finalmente, se le dio fuerza institucional a la organización y la representación estudiantiles, pero sin que se confundan con la administración y el cogobierno; error este último que perjudicaría tanto al gobierno de la Universidad como a la propia organización de los estudiantes.
 
En resumen, al fortalecer la representación y la participación, pero reafirmar a la vez la eficacia en las decisiones y en la autonomía, se amplía la democracia y se consolida la gobernabilidad, además de confirmar ese fin central que es la producción y reproducción ampliada del conocimiento.
 
Organización Académica: campos, facultades y escuelas
 
En la tercera etapa, la más prolongada, se ha abordado la organización académica. El esfuerzo ha estado, a través de muchas y pacientes discusiones, orientado en el sentido de articular en debida forma las instancias y campos de la actividad académica, a fin de afianzar los campos del conocimiento sin perder el espíritu interdisciplinario; a fin también de articular la agrupación de los docentes y la oferta de los programas de formación, lo cual ha dado paso al debate sobre el lugar que ocupan las facultades, las llamadas escuelas y los propios programas de formación profesional en pregrado y posgrado.
 
En esta ocasión, se ha intentado con éxito conjurar el riesgo implicado en el descoyuntamiento entre la agrupación por conocimiento de los docentes y el vínculo con los estudiantes y con los programas académicos de formación. En otras palabras, a sabiendas de que es importante la coexistencia de facultades y escuelas, se ha puesto el empeño en que ellas se articulen y no se nivelen por el mismo rasero, al tiempo que sufren una segregación de modo artificioso. En consecuencia, se ha avanzado en su integración de modo que las facultades se preserven como las grandes unidades; y que ellas incluyan las escuelas, dentro de las cuales enmarquen los programas académicos de formación.
 
Un organigrama, aun susceptible de ajustes, cambios y mejoramientos, pero que constituye un indudable avance tanto en la comprensión del problema como en los avances de su decantamiento (Ver Anexo 1).
 
A la comunidad: la administración encabezada por la Rectoría y sobre todo el Consejo Superior trabajan con seriedad y con espíritu constructivo en los Estatutos para una Universidad moderna, democrática, ciudadana y ecológica, que sea al mismo tiempo un espacio para el conocimiento científico y la innovación tecnológica; para la creación y para el dialogo de saberes. Es un trabajo que requiere por supuesto un margen un poco mayor de tiempo para su cumplimiento final y un apoyo creciente de los distintos estamentos de la Universidad, en el camino del conocimiento, la excelencia académica y la democracia.
 
 

Sistema Integrado de Comunicaciones
Fuente de información: Rectoría
Vicerrectoría Académica
Universidad Distrital Francisco José de Caldas

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